Biblioteca. Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña

book_coverAntonio Robles Almeida: “Historia de la Resistencia al nacionalismo en Cataluña”

Biblioteca Crónica Global, 2013

 

 

 

 

 

Reproducimos a continuación:

1.- Introducción, por el autor, Antonio Robles.

2.- Prólogo, por Juan Carlos Girauta.

3.- Entrevista al autor, publicada en La Voz de Barcelona el 16 de julio de 2013.

4.- Video crónica del acto de presentación del libro, realizado por Las voces del pueblo, febrero 2014.

* * *

Introducción

El relato que tiene en sus manos es la historia de la Resistencia surgida en Cataluña contra los fines secesionistas del catalanismo político y su obsesión de expulsar de Cataluña a la cultura española y su lengua común.

El jueves, 25 de noviembre de 2009, las doce cabeceras de prensa más influyentes de Cataluña publicaban un editorial conjunto contra el Tribunal Constitucional por la sentencia pendiente sobre el Estatuto bajo el título, La dignidad de Cataluña. El catalanismo mediático se quitaba la careta. Dos años después, en la Diada del 11 de septiembre de 2012, a las claras y sin ambigüedades, todas las fuerzas catalanistas, incluidas las de CiU, pedían de una forma u otra un referéndum de independencia. La fuerza exhibida no estaba basada, como antaño, en simular sus intenciones, sino en explicitarlas.

No siempre fue así, en su lugar, el disfraz, la manipulación o la mentira a secas fueron argucias cotidianas para deslizar el contrabando separatista empaquetado en la razonable recuperación de la lengua y la cultura. De hecho, desde que asumió Jordi Pujol la presidencia de la Generalidad en 1980, toda la política nacionalista se esforzó en enmascarar sus objetivos rupturistas con eufemismos y declaraciones de lealtad a la gobernabilidad del Estado. El propio Jordi Pujol había sido distinguido en 1984 por el ABC como “El español del año”. Se había comenzado con la normalización del catalán para excluir al castellano sin parecerlo y se había acabado con el derecho a decidir la independencia por encima de la soberanía de todo el pueblo español.

¿Qué había pasado entre 1980 y el 11 de septiembre de 2012 para abogar abiertamente por romper con España? Pero sobre todo, ¿cómo habían logrado la hegemonía cultural, moral y política que les permitía soñar con un Estado propia? ¿Qué argucias y disimulos, con qué poderes mediáticos, embustes históricos y controles de la escuela se habían dotado para lograrla? ¿Cómo fue posible que la ideología más reaccionaria de la historia, como es el nacionalismo, la convirtieran en la quintaesencia de la democracia, y cualquier crítica contra su política de exclusión lingüística y avaricia fiscal fuera tachada de ultraderechista, franquista y facha? ¿Por qué la reivindicación de la libertad, la tolerancia y la Constitución fue considerada una agresión urdida por el centralismo de Madrid contra Cataluña?

Por primera vez, el relato completo de esa Resistencia mostrará la gran mentira del supuesto complot de España contra Cataluña denunciado por el catalanismo. Demostrará que nunca fueron ataques ni de fuera ni contra Cataluña, sino la Resistencia a la exclusión de una parte de ciudadanos catalanes hartos del abuso nacionalista. Los hechos aquí relatados dejarán claro que tal Resistencia nunca fue dirigida desde Madrid por obscuros funcionarios del Estado. Justo ha sido lo contrario: la renuncia del Estado a hacer respetar la ley en Cataluña y abandonar a los ciudadanos catalanes a su suerte, obligó a que ciudadanos anónimos se levantaran contra el abuso en la más absoluta indigencia. Sin medios, sin respaldo político, armados con la sola voluntad de considerarse ciudadanos. La democracia cívica en estado puro.

El relato comienza a finales de los años setenta y termina la noche electoral de 1 de noviembre de 2006 donde C’s (Ciudadanos – Partido de la Ciudadanía) obtiene tres diputados. Es el periodo de tiempo en que el nacionalismo catalanista elaboró con simulada estrategia la substitución lingüística y la ruptura de la trama de lazos y afectos con el resto de España. Se trataba de poner las bases de la justificación moral, política, económica y cultural para arrastrar a la sociedad catalana a la secesión de España. En lo que están ahora. No otra cosa persiguen mantras como el expolio fiscal, España nos roba y el derecho a decidir que, ya sin careta y amparados por el control de la escuela, los medios de comunicación y la calle, pretenden imponer contra la Constitución y la soberanía del resto de españoles.

El relato acaba con la llegada de C’s al Parlamento, justo el periodo hasta el cual la omertà nacionalista logró controlar sin fisuras medios e instituciones para neutralizar y borrar mediáticamente cualquier indicio de resistencia a sus planes monolingüistas y secesionistas. Esa historia oculta y ocultada es la que aparecerá en estas páginas. La deriva soberanista, ahora sin máscaras, dejará al descubierto el desenlace de una historia que siempre negaron y ocultaron. La mayor parte es desconocida. Y sorprendente. Porque sorprendente resulta que en una sociedad democrática se pudiera borrar de la realidad, parte de la realidad misma. He ahí el gran triunfo del nacionalismo, lograr suprimir de la historia a la Resistencia que lo cuestionaba.

En ese tiempo de impunidad catalanista se pasó de no poder estudiar en catalán, a hacerlo sólo en este idioma, de no tener presencia en el callejero o en la Administración, a convertirse en el único idioma institucional, de no ser oficial, a multar los letreros comerciales en castellano; de luchar en la transición por una Constitución democrática, a negar a España y acusarla de expoliar económicamente a Cataluña; de vanagloriarse de ser el motor económico de España a exigir un referéndum para romperla. Todo ha sido diseñado con nocturnidad y alevosía, gradualmente. Nada ha sido por casualidad. Unos han sido los agentes activos, los nacionalistas; y otros, los verdaderos responsables de que aquellos impusieran sus tesis por omisión de estos: el PSC y la izquierda en general. Teniendo la responsabilidad de oponerse a los nacionalistas, amordazaron, utilizaron y neutralizaron a sus bases castellano-hablantes para evitar que lo hicieran ellas.

A la vuelta de más de tres décadas, les uno el derecho a decidir y el rechazo a España. Una tragedia que no llegó de golpe, sino a través de renuncias y cobardías a lo largo de esas tres décadas, no sólo del propio Estado, sino de la mayor parte de la sociedad civil catalana. El resultado lo resume el desplante insurreccional del Presidente de la Generalidad, Artur Mas: contra el derecho a decidir “no hay leyes ni Constitución”.

El libro ha sido un parto difícil. Sin referencias previas al conjunto de este periodo, con las fuentes históricas alteradas por una prensa subvencionada e ideologizada hasta la náusea y los acontecimientos dependiendo de personas a menudo remisas a significarse públicamente, han sido las vivencias personales y la documentación no oficialista, las que me han guiado en la documentación. Si tuviera que nombrar a todos los que han aportado sus experiencias y me han ayudado a parir esta historia, la introducción se convertiría en el propio libro. Por eso, me limitaré a a quienes directamente me han facilitado su escritura. En primer lugar a mi propia familia. Durante años, mis dos hijas fueron ajenas a lo que su padre hacía, escribía o pensaba. Tanto su madre como yo no queríamos influirlas. El tiempo no ha demostrado que la empatía influye más que cualquier consejo o influencia premeditada. A su madre, María José, que siempre me ayudó y sufrió estoicamente tantos años de lucha. Un regalo incalculable. Quién como yo, vio a compañeros y compañeras sufrir la clandestinidad que le imponía el trabajo o sus propias parejas, sabe hasta qué punto fue un bien la complicidad de la propia. A Marita Rodríguez, presidente de la Asociación por la Tolerancia, y a todos los que de una forma u otra me ayudaron a completar la información, en especial Gregorio Rello, a los correctores, Juan García del Muro y Susana de la Cuesta, a Sergio Sanz, Dani Perales y Javier Montilla, que me ayudaron a lanzarlo en Crowdfunding a través de las redes sociales, a Irene García y Juan Ibáñez, claves para que este libro haya visto hoy la luz, a todos los mecenas que lo hicieron posible y cuyos nombres recojo en apartado especial; y a Mari Cruz Hernández, la persona que más ha influido para que lo llevara adelante y in la cual, la documentación necesaria hubiera sido mucho más difícil de manejar.

En el relato salen muchos nombres, algunos a su pesar, aunque muchos más se quedan fuera, unos porque así lo han deseado, la mayoría por la imposibilidad de incluir tantas aciones y luchas, y algunos con nombre supuesto. Esa ha sido su voluntad. En un caso y en otro, el objetivo fue ser fiel a los acontecimientos que se relatan.

Antonio Robles. Barcelona, primavera de 2013

* * *

Prólogo 

Pasarán los años y los nombres correrán a buscar su lugar en esta historia, pero casi todos caerán en el vacío. Porque no fueron muchos quienes se plantaron ante el gigante, ni siquiera cuando empezaba a crecer. En cuanto a los nombres de las cosas, habrá que recuperarlos de la perversión romántica que les supone desigual contenido cuando se salta de una lengua a otra. Habrá que desbaratar la superstición según la cual cada lengua comporta una visión del mundo, una de las más celebradas zarandajas del nacionalismo.

Los jóvenes sabrán del despliegue en Cataluña, poco después de alcanzadas las libertades democráticas, de lo que Josep Tarradellas llamó la “dictadura blanca”. Gracias a la memoria y al trabajo de Antonio Robles, quedará constancia de quiénes estuvieron donde debían. Ahí radica el valor más perdurable de esta obra, necesaria y generosa. Tan generosa como para que uno de los protagonistas del plante (vital y decidido) ante el régimen nacionalista catalán, haya sido a la vez el encargado de elaborar la crónica minuciosa de esta peripecia de la dignidad.

La hostilidad ambiente, la soledad y el pesado silencio invitaban a la desesperanza. Sin embargo, algunos no desfallecieron. Si el nacionalismo catalán pudo sospechar, incluso en sus mejores momentos, que no alcanzaría sus objetivos fue porque existía un núcleo irreductible de personas coherentes y rectas que no comulgaba con ruedas de molino. Aunque los ningunearan, los despreciaran o los calumniaran, según el caso. La famosa conllevancia orteguiana ha funcionado como un desahogo ocasional para nuestros compatriotas no catalanes: de vez en cuando concluyen que “el problema catalán” no tiene solución, y a otra cosa. Pero para quienes hemos vivido la construcción nacional, intelectual y moralmente ofendidos por cada afianzamiento, por cada nuevo sobreentendido triunfante; para quienes hemos presenciado cómo se suplantaba a la sociedad civil, cómo se embridaba al periodismo y cómo se ideologizaba la docencia, no se trata de conllevar nada. Uno puede renunciar y entregarse, vía que llaman fácil cuando a muchos nos resulta impracticable. Uno puede callar, y a fe que esta ha sido la opción favorita en la dictadura blanca. Uno puede, por fin, resistir.

La Resistencia al nacionalismo en Cataluña, la rareza cuya historia recoge este libro, es un precioso ejemplo de civilidad ilustrada. Hablamos de un tipo de Resistencia que seguramente no encaja en lo que el aficionado a la historia espera de esa etiqueta, pero sigue siendo Resistencia, sólo que adaptada a un régimen de desenvolvimiento poco vistoso. Que nadie se engañe: ha sido demoledor; ha impregnado el día a día de millones de catalanes y, finalmente, sus conciencias, sus emociones y sus expectativas vitales. Extremo poco discutible a estas alturas del delirio.

El nacionalismo catalán es lingüístico, lo que no significa que dé por cumplidos sus fines cuando la lengua catalana recibe el respeto y consideración que merece. Si así fuera, el nacionalismo ya habría desaparecido. Significa que utiliza la lengua como herramienta política, que atribuye a la lengua cualidades salvíficas, que introduce una ideología destructiva bajo el manto de la normalización o la promoción de la lengua. Cuando el nacionalismo catalán planificó la penetración de la sociedad, incluyendo tribunales de oposición, medios de comunicación o entidades financieras, hizo especial énfasis en lacatalanización de la escuela. No se referían sólo, ni siquiera principalmente, a la inmersión; se referían a convertir el aula en principal foco ideológico.

A ese plan de ingeniería social, a esa decisión de introducirse en las conciencias (sobre todo en las conciencias modelables), no respondió la Resistencia al nacionalismo catalán con un nacionalismo inverso. Respondió enarbolando la bandera de la libertad, reivindicando el bilingüismo para que la vida pública coincidiera con la realidad social, denunciando la gran operación destinada a modificar esa realidad para hacerla coincidir con su modelo de nación. Fueron tiempos duros.

En muchos aspectos, los tiempos siguen siendo duros. Felicítese el lector, por ejemplo, si ha podido adquirir esta obra en una librería de Cataluña, y en condiciones. Es decir, sin tener que pedírsela al librero, exhibida, tratada al menos con el mismo rasero que se aplica a los varios centenares de obras infinitamente menos valiosas con que el nacionalismo invade las mesas de exposición gracias a un engrasado sistema de subvenciones y a una pringosa complicidad sectorial. Pero los tiempos también han cambiado. Lo que no se oía en público durante el pujolismo se lo tienen que oír hoy guste o no guste. La denuncia genérica del nacionalismo, de su esencia pre moderna, discriminatoria, así como la denuncia de sus concretos abusos, no pueden ser ya silenciadas. Y no será porque no se multipliquen los intentos de devolver a Cataluña a la unanimidad, horizonte que habla por sí solo del concepto de pluralismo que habita en la llamada “prensa catalana” (la prensa nacionalista) y en los llamados “partidos catalanes” (los partidos nacionalistas).

Resistencia no es lo mismo que resistencialismo. Aunque el palabro no goza de aceptación académica –y hasta parece que Jaime Gil de Biedma, molesto porque le atribuían su autoría, quiso endosársela a Rafael Sánchez Ferlosio–, lo cierto es que su sentido resulta diáfano. Resistencialismo sería no advertir hoy que, después de lo que narra en este libro, Antonio Robles ha sido diputado en el Parlamento catalán. Y que la propia exacerbación de las posiciones nacionalistas delata su debilitamiento. Sigue pesando el silencio, pero son muchos quienes lo rompen a diario. En realidad, la conversión entera del nacionalismo catalán al secesionismo asilvestrado es prueba de que el catalanismo político ya ni siquiera existe. Existe otra cosa que nada tiene que ver con la vieja ambición de liderar España, sino con la de romperla.

Ya no es hora de resistir, sino de vencer al nacionalismo. Pero si en el presente se ha podido articular en lo político un constitucionalismo catalán desacomplejado es, en gran medida, porque no todo el mundo tragó en las décadas pasadas. Ahora consta negro sobre blanco: Antonio Robles ha recogido para siempre las huellas de la dignidad, la memoria de los nombres, los lugares, los documentos, los avatares. Era un trabajo necesario, y él ha estado ahí para hacerlo. De nuevo.

Juan Carlos Girauta. Barcelona, septiembre de 2013.

* * *

Entrevista a Antonio Robles, publicada en “La Voz de Barcelona” el 16 de julio de 2013, por Alejandro Tercero.

Robles: “Quiero levantar acta de una época silenciada por el nacionalismo”

El ex diputado autonómico ha echado mano del ‘crowdfunding’ (o micromecenazgo por internet) para publicar su nuevo libro, “el primer relato continuado de lo más relevante de la resistencia al nacionalismo en Cataluña desde finales de los años 70 hasta el triunfo de Ciudadanos en 2006″. Una etapa de la que él mismo ha sido testigo y protagonista.

El ex diputado autonómico de Ciudadanos y ex candidato de UPyD por Barcelona al Parlamento autonómico de Cataluña, Antonio Robles, está preparando un nuevo libro. Historia de la resistencia al nacionalismo en Cataluña narra en primera persona la oposición al pujolismo que se articuló desde la sociedad civil catalana. El profesor de filosofía -aunque periodista de formación y de vocación- ha hablado con LA VOZ DE BARCELONA para explicar los motivos que le han llevado a recuperar una etapa de la historia reciente de Cataluña que muchos desconocen y de la que él fue testigo y protagonista.

Este es su tercer libro, tras Extranjeros en su país (1992) y Del fraude histórico del PSC al síndrome de Cataluña (2007), ¿qué va a descubrir el lector en esta obra?

Es el primer relato continuado de lo más relevante de la resistencia al nacionalismo en Cataluña desde finales de los años 70 hasta el triunfo de Ciudadanos en 2006 [al conseguir tres escaños en el Parlamento autonómico]. Hasta ahora solo ha habido dos libros que han tratado este tema de forma específica: La guerra de la lengua (1996), de Eduard Voltas, y Boadella & Cía (2006), de Albert Balanzà. Ambos desde un punto de vista nacionalista. No hay ningún libro que recoja, desde el no nacionalismo, toda la historia de forma sistemática. Mi idea es levantar acta de una época.

Entonces, ¿es una crónica, más que un ensayo político?

Tiene la ambición de que, tantas y tantas cosas que han ocurrido en Cataluña y que el nacionalismo ha conseguido silenciar, se sepa que existió, porque de otra manera no se va a hacer.

¿Por qué ahora?

En realidad, era un proyecto que tenía previsto para el verano en que nació Ciudadanos [2006], pero entonces -para bien y para mal- fui elegido secretario general del partido y tuve que posponerlo para dedicarme plenamente a esa responsabilidad.

¿El libro pretende responder a por qué se ha llegado a la situación actual?

Por supuesto. El relato da las claves de por qué ha sucedido lo que ha sucedido: la alienación mental de toda una sociedad frente al nacionalismo, la conquista de la hegemonía social del nacionalismo, el por qué la comunidad castellanohablante y la sociedad progresista han sucumbido al nacionalismo… Estas preguntas y muchas otras encuentran su respuesta en el relato de lo que ocurrió esos años.

En el libro, al que hemos tenido acceso previo, usted asegura que todo lo que ocurre estaba planificado por el nacionalismo, que nada ha sido casualidad, y que su objetivo era llegar al punto en el que estamos actualmente.

Eso es absolutamente así. [El ex presidente de la Generalidad Jordi] Pujol es un tipo fanático, muy resentido. Desde el principio ha tenido muy claro lo que quería hacer. Pero también es muy inteligente y sabía que eso no era posible en el momento histórico en que accedió a la Presidencia autonómica. Se tenía que hacer por etapas y, sobre todo, simuladamente, porque si no, la sociedad civil se levantaría. Y es lo que ha pasado. Solo cuando los más radicales de ERC, ya en el siglo XXI, en el tripartito, han creído que podían avasallar a la sociedad civil no nacionalista, han descubierto las cartas. Y el 11 de septiembre de 2012, simplemente nos han dicho lo que siempre querían.

Mucho de lo que ha escrito es desconocido para gran parte de los ciudadanos.

Creo que el 70% del libro, a la mayoría de la gente, incluso a los que formaron parte alguna vez de la resistencia, le será completamente desconocido. El gran triunfo del nacionalismo es haber conseguido cegar, anular, impedir que lo que la resistencia al nacionalismo ha hecho se conociese.

Una de las constantes que se repiten a lo largo del libro es la constatación de una falta de apoyo institucional por parte de las administraciones de ámbito nacional a los discrepantes con el nacionalismo.

Eso ha sido así, es así y me temo que seguirá siendo así por algún tiempo.

¿Cuál es el motivo de ello?

El ex diputado autonómico de Ciudadanos Antonio Robles (foto: wordpress.com).La respuesta da para escribir otro libro. El franquismo nos capó a todos, nos acomplejó democráticamente, y el nacionalismo se ha beneficiado de eso. Uno de los instrumentos de alienación total del nacionalismo es satanizar al disidente para evitar que sus ideas puedan cuajar en la sociedad. Y el fantasma del franquismo ha servido al nacionalismo para llamar fachas a cualquiera que se opusiera a ellos. Los propios gobiernos han tenido ese complejo ante el nacionalismo, que les ha impedido hacer cumplir la Constitución. Además, los criterios sociales, morales y económicos de los gobiernos de derechas eran idénticos a los de CiU. La izquierda y la progresía en España se ha dejado guiar por la izquierda y la progresía de Cataluña -del PSC, del PSUC, de ICV, etc.-, una izquierda que simple y llanamente han sido pequeños burgueses muy alejados de la izquierda real, alejados de la sociología charnega a la que supuestamente defendían y a la que pertenecían sus bases. En todo caso, ha habido un acomplejamiento ante la satanización del disidente.

También hubo un silencio casi absoluto por parte de los medios de comunicación ante las entidades de la sociedad civil que plantaron cara cívicamente al nacionalismo en los años 80 y 90.

Pujol siempre fue muy astuto, y los medios cayeron en su trampa. Los medios de ámbito nacional han intentado dar prebendas a aquellos que podían ser díscolos en las periferias, creyendo que los podrían amaestrar. No tenían ni idea de lo que estaban haciendo. No conocen, ni han querido concer el problema. Por eso Abc dio ese estúpido premio a Pujol en 1984 [nombrándole ‘español del año’].

¿La llegada de internet supuso un punto de inflexión en ese silencio mediático, o no fue tan determinante?

Sí, ha sido fundamental. Yo recuerdo en los años 90 la impotencia que producía que los nacionalistas pudieran decir lo que quisieran de nosotros, y nosotros no teníamos ni la posibilidad de rebatirlo. Nosotros éramos lo que ellos querían que fuésemos. Con la llegada de internet, las cosas cambiaron radicalmente, y por ahí nos escapamos. Es verdad que hubo una lucha ensordecida por el nacionalismo y por los propios medios de ámbito nacional. De hecho, ya en esa época logramos escapar de esa apestosa atmósfera de ultraderecha en la que nos querían meter. Pero internet fue clave para crecer y para conseguir la irrupción de Ciudadanos.

¿Reprocha a una parte de la sociedad su falta de movilización y su pasividad ante los avances del nacionalismo?

Yo soy muy condescendiente. Yo describo lo acontecido, pero no puedo echarle la culpa a unas clases sociales con ínfima cultura política y escolar, que confiaban ciegamente en sus sindicatos y partidos de izquierdas. No les puedo echar las culpa de que les siguieran votando cuando no les representaban, porque es la mala fe de sus dirigentes lo que llevó a la confusión. Lamentablemente, no hemos tenido la capacidad para que las cosas fueran de otra forma. De todas formas, no han pasado tantos años y hoy la resistencia es ya algo concreto. Tenemos nueve diputados autonómicos. Cuando nació la Asociación por la Tolerancia en 1993, ni se podía hablar de esto. No son tantos años. El nacionalismo lleva 150 años dándonos la vara.

Entonces, ¿es optimista?

Desde la Diada, los nacionalistas están muy envalentonados, pero yo creo que cuanto más alto está el nacionalismo, más profundo es el abismo que le rodea. Hasta ahora, han avanzado como los nacionalsocialistas lo hicieron al principio de la II Guerra Mundial en Polonia, arrasando con todo porque no tenían oposición real. Tanques contra caballos y lanzas. Pero ahora hay una oposición real, una sociedad civil armada con ideas, nueve diputados autonómicos en el Parlamento autonómico, que algunas encuestas dicen que podrían ser trece o catorce. El nacionalismo ha avanzado porque no ha tenido oposición, ahora empieza a tenerla.

Pero también hay ejemplos que apuntarían lo contrario. A pesar de ser una persona conocida, de haber publicado otros libros, y de que en el momento en el que estamos su testimonio tiene un interés indudable, se ha encontrado con serios problemas para que le publiquen el libro.

Evidentemente, pero para ser sincero, he tenido la oportunidad de hacerlo en alguna editorial afín al nacionalismo. En todo caso, no busquemos historias de boicots, ni nada similar. Simplemente, prefiero pensar que ha sido por cuestiones comerciales. El libro tiene 750 páginas, estamos viviendo una crisis editorial de primera magnitud y no se arriesgan. El sistema de micromecenazgo al que me he acogido para publicarlo me parece revolucionario porque permite a la sociedad civil saltarse todas las barreras de poder y censura de una sociedad cerrada, como la catalana. Yo me he arriesgado a ponerme ante la sociedad para que sea ella la que diga si tiene que publicarse o no.

La recaudación a través del crowdfunding o micromecenazgo, parece que va viento en popa. En solo diez de los 90 días previstos, ha conseguido el 50% del objetivo (que es de 5.400 euros) sin ninguna promoción especial. ¿Lo esperaba?

Era un reto. Yo desconocía este sistema, a pesar de que hay varias plataformas que lo ofrecen. Inicialmente, había optado por Verkami, una empresa muy popular en Cataluña, pero descubrí que, en una entrevista en Catalunya Ràdio, el dueño de Verkami decía sentirse muy identificado con la estelada y con el independentismo. Además, en las condiciones del contrato se reservan el derecho a cancelar los proyectos sin previo aviso y por cualquier motivo, textualmente. ¿Cómo iba a acceder a una plataforma de este tipo y arriesgarme a que rechazaran el proyecto una vez puesto en marcha? Después encontré Lánzanos.com, que me ha tratado excepcionalmente bien. Mucho más interactivos y mucho más abiertos. La microfinanciación es una oportunidad para luchar por la libertad de expresión y de publicación, por tanto, una forma más de resistencia. Puede ser un modelo para otros proyectos similares a mi libro, especialmente en esta Cataluña tan cerrada para todo lo no nacionalista. En vez de quejarnos, busquemos alternativas a la sociedad actual. Esta es una de ellas.

¿Es un libro para los no nacionalistas, o cree que también despertará la curiosidad de los nacionalistas?

Sé que habrá nacionalistas a los que les interese mucho, porque alguien que ha estado en la resistencia de forma tan activa y presencial supongo que les debe generar curiosidad, pero sobre todo tendrá interés para aquellos que, de una forma u otra -muchos de forma anónima-, han estado en aquella resistencia y que se verán reflejados en estas páginas. Ellos han hecho posible que hoy haya nueve diputados autonómicos de Ciudadanos, y nadie les conoce. Yo he querido poner mi granito de arena para restablecer esa injusticia. Sin embargo, hay personas -algunas de ellas trascendentes en esta historia- que me han pedido que sus nombres no aparezcan en el libro para evitar ser perjudicados en su vida profesional o personal. Esto puede parecer anacrónico en pleno siglo XXI, pero es así.

Link de la entrevista: http://www.vozbcn.com/2013/07/16/141895/robles-levantar-acta-epoca/

* * *

Video crónica del acto de presentación del libro

Realizado por “Las voces del pueblo”, febrero 2014.

_________________________________

Ver más libros de la “Biblioteca

bannerbiblioteca-1

_________________________________

 

Aquesta entrada ha esta publicada en Biblioteca, Democràcia, Història, Testimoni. Afegeix a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s