Lo que nunca le contarán de Francesc Macià

La muerte cristiana de Francesc Macià

enterrament

Francesc Macià –a pesar de ser un destacado masón, comecuras y antiespañol– tuvo una muerte cristiana, lo cual se oculta en su biografía.

En efecto, Macià se confesó con el cardenal Vidal y Barraquer el 23 de diciembre de 1933, dos días antes de su fallecimiento, acaecido el día de Navidad de 1933 a las 11:00 de la mañana. La noche de Navidad, fue visitado por el obispo de Barcelona, monseñor Irurita (obligado por Vidal y Barraquer) y unos 20 sacerdotes que rezaron un resposo.

El Govern de la Generalitat quería evitar toda ostentación de fallecimiento religioso de Macià, por lo que prohibió que los 20 sacerdotes enviados por Irurita para rezar el responso fueran en procesión, desde la Plaza San Justo, por la calle Princesa y plaza San Jaime, hasta la Casa dels Canonges.

Así, estos sacerdotes tuvieron que entrar, medio a escondidas, por la puerta trasera ubicada en la plazoleta de la Piedad.

La mañana del día de Navidad, el prior Berenguer (prior de la Capilla de San Jorge) le dio la extrema unción y la absolución in extremis. Y Macià falleció besando el crucifijo de su hermana religiosa. Finalmente, el prior Berenguer celebró una Misa en la que sólo asistieron los familiares y amigos más íntimos.

Contrariando las últimas voluntades de Macià y de la propia familia, el Consell Executiu –Miquel Santaló como primer consejero y Joan Casanovas como presidente internino– ordenaron que retirasen el crucifijo del pecho de Macià e impusieron un entierro laico y civil, paseando al fallecido laicamente por Barcelona sin cruz ni plegarias públicas de sacerdotes.

Los masones de ERC no aceptaban un entierro católico, por lo que impusieron una ceremonia laica a pesar de la voluntad de Macià y de su familia.

Antes de su entierro, realizaron un rito masónico consistente en extraer su corazón y vísceras y guardarlas en una urna. Durante la Guerra Civil, Tarradellas mandó a un funcionario a recoger el corazón de Macià y llevárselo al exilio y comunicó a la familia que, para evitar profanaciones, el cuerpo de Macià había sido trasladado secretamente de su tumba oficial al Panteón Collaso Gil.

Cuarenta años después, se descubre que dicho traslado nunca se realizó, que el cuerpo de Macià siempre se ubicó en su tumba original (corazón incluido), y que la urna con el corazón que Tarradellas paseó por media Europa no correspondía al de Macià.

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Bibliografía:

Esculines, Joan: «Los responsos de Macià», en La Vanguardia (25-26 de diciembre de 2011).

Guiu, Joaquín: «Muerte cristiana de Don Francisco Maciá», en Las Sectas (t.p. 8016)

Quintà, Alfons; Canals, Enric: «Tarradellas ocultó a las autoridades y a la familia el lugar de enterramiento de Francesc Macià», en El País. (3 de octubre de 1979).

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Homenaje (es un decir) perpetrado por Subirachs, plantado actualmente en Plaza Cataluña.

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