Biblioteca. Albert Boadella: Adiós Cataluña

Albert Boadella: “Adiós Cataluña, crónica de amor y de guerra

Editorial Espasa (Madrid), 2007

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Autor del comentario: Ana Nuño (publicado en Libertad Digital)

http://libros.libertaddigital.com/bienvenido-boadella-1276233967.html

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Bienvenido, Boadella

Adivina, adivinanza: ¿quién prefiere, al amor a la patria, amarla a ella? Boadella. Conste que “ella” no es una mujer cualquiera. Mucho menos “la mujer”, esa coartada en la que suelen refugiarse, como los canallas en la susodicha, los adoradores exclusivos de sí mismos.

De las muchas excentricidades que cultiva Albert Boadella, quizás la más sorprendente sea ese amor real por la mujer de carne y hueso que es su segunda esposa, que siente y declara como única e incomparable, y que le es tan necesaria como el aire que respira. No debería hacer falta decir por qué tal cosa se haya convertido en una rareza: poco menos que delito, en tiempos de compulsiva y obligatoria corrección político-tribal (y de género, que añadiría Imma Mayol), es manifestarse públicamente afecto no a ideas bovinamente rumiadas y gregariamente confortables, sino a la desnuda realidad vivida.

¡Qué descaro el de Boadella! No contento con casi medio siglo de sistemático escarnio de todas las habidas correcciones políticas (de paso, también, de unas cuantas religiosas), el actor que es va y nos dice… ¡que quiere a su mujer! No sé qué pensarán los otros lectores de Adiós Cataluña, el más reciente libro de Boadella, galardonado con el Premio Espasa de Ensayo, pero a mí sobre todo me conmueve esta muestra de rebeldía ante el soterrado diktat, no verbalizado mas fieramente acatado por todos, que reza que la grandeza de un hombre (o de una mujer) se mide por su proyección en la arena pública en medida inversamente proporcional a nuestra capacidad para penetrar en su vida privada. Y en ello veo la última, por más reciente, provocación de este maestro en provocaciones. Más, pero que mucho más, que en lo que nos dice acerca de Cataluña, que ciertamente no es una mujer y, por tanto, merece o debería merecer una consideración subsidiaria.

Y no se piense que en los capítulos que dedica al “Amor”, es decir, esencialmente a su mujer, Boadella sucumbe a la facilidad estilística de contrastar la dureza de sus batallas públicas con una estereotipada dulzura hogareña o íntima. Sin ir más lejos, la admiración que siente por las obras pictóricas de su mujer, Dolors, le inspira algunos pasajes memorables sobre la estulticia de lo que llama “el tinglado comercial” del arte. Verbigracia:

Si tuviéramos entre nosotros a Cervantes como contemporáneo, en vez de las mágicas apariciones que sólo podían ver quienes acreditaran pureza de sangre en su Retablo de las Maravillas, hoy la trama consistiría en esta enorme estafa avalada por los notables de la sociedad, los cuales, para no hacer el ridículo ante el dictamen de los expertos, elevan a categoría de genios a los que no son más que embaucadores.

Conclusión o remate:

¡Qué magnífica inspiración sería para Cervantes ver a los Reyes de España inaugurando ARCO!

En efecto, querido Albert. ¿Por qué no montar con esta escena un retablo (he estado a punto de calificarlo “de dolores”), visto, hoy, por un Cervantes cualquiera?

Intuyo que a estas alturas el lector de reseñas de libros puede sentirse algo molesto. Tendrá una idea de quién es Boadella, habrá seguido más o menos de cerca las peripecias políticas y los escándalos teatrales del autor, y es posible que piense que lo reseñable es otra cosa, no una historia de amor, no la historia de un amor con nombres y apellidos. Que lo reseñable es destacar la (enésima) denuncia que hace Boadella de los destrozos y estragos, iniquidades e injusticias, de la xenofobia antiespañola y la crispación identitaria, de la persecución del discrepante con los ídolos de la tribu y del ocultamiento sistemático de las corruptelas de sus gobernantes que el régimen nacionalista que padecen los ciudadanos de Cataluña desde hace más de un cuarto de siglo ha logrado imponer en este rincón de España.

Bello rincón de España, por cierto. Boadella lo sabe mejor que yo, no sólo por haber nacido en él, sino porque se ha dedicado, al menos desde sus diecinueve años, a conocerla a fondo. Es decir, a hacer lo que sólo hace quien sabe que la patria no es un listado de prohombres en un manual de historia o unos topónimos más o menos autóctonos distribuidos en un mapa: mirar a su alrededor y auscultar qué hacen, dicen, piensan y hasta sueñan quienes habitan el lugar donde el azar lo trajo al mundo.

El resultado de sus calas en la realidad local no puede ser más desalentador, algo que no debería sorprender a quienes hayan podido vivir en Cataluña en estas últimas tres décadas o asistir a la representación de las obras de teatro de maese Albert. Sobre todo de la trilogía que en 2002 completó Els Joglars, el grupo teatral fundado por Boadella en 1962, que me atrevo a considerar la mejor “historia íntima” de Cataluña. Tanto Ubú President o los últimos días de Pompeya, que muchos citan sin conocerla, como la inteligente Daaalí!, única vindicación del genio de Figueras enteramente basada en sus defectos, y, sobre todo, esa joya de íntimo conocimiento del “alma” catalana que es La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla, exponen minuciosamente los lugares comunes, prejuicios y otras cegueras voluntariamente consentidas por los catalanes en su autodestructivo afán por no parecerse más que a una caricatura de sí mismos.

Quien haya leído Memorias de un bufón (2001) estará al tanto de la accidentada carrera de Els Joglars en su tierra de origen. Tampoco ignorará que Boadella es el único artista catalán que ha logrado la proeza de pasar de ser perseguido y censurado por el régimen anterior a la aprobación de la Constitución de 1978 a ser objeto de persecución y censura por parte del régimen “democrático” catalán a partir de 1980. De hecho, en Adiós CataluñaBoadella nos explica los entretelones de su último desencuentro escénico con su rincón de origen. El último: valga decir, por esta vez, no un sinónimo de “el más reciente”, sino de “se acabó, apaga y vámonos”.

Ésta es una de las claves de su despedida de Cataluña: hasta ahora, Boadella y Els Joglars habían sufrido mezquindades de toda laya y todo tipo de bajezas perpetradas por los poderes públicos y lacayunamente repercutidas por la prensa local (que, como apunta más de una vez Boadella con sobrada razón, es la más obediente correa de transmisión de los anatemas decretados por el régimen catalán). Pero con motivo del estreno en el Teatre Lliure de Barcelona, a comienzos de 2006, de En un lugar de Manhattan, su particular homenaje al Quijote en el 400 aniversario de la publicación del libro de Cervantes, Boadella descubrió que el veto a su compañía de teatro, su persona y sus ideas ahora provenía también de eso que los cursis y los sociólogos llaman “la sociedad civil”. La mitad de la platea permaneció vacía durante la función inaugural, signo inequívoco de que esta vez la tribu al completo había decidido boicotear, por primera vez en cuarenta años, un espectáculo de Els Joglars. Y a Boadella, que siempre ha sabido contar, no le hace falta que nadie le diga cuánto suman dos y dos.

No conozco en España ningún otro caso de artista con tan longevo récord de indisposición con los poderes públicos, rematado con la cobarde desafección de unos ciudadanos que han acabado rindiéndose al chantaje de los mismos. Sólo esto debería bastar para levantarle un monumento en plaza pública, y si es de toros mejor. Porque resulta que Boadella, además de catalán, antinacionalista y amante de su esposa, tiene el insultante descaro de proclamar su amor por “la Fiesta Nacional”, como antes se decía. De hecho, el último capítulo de Adiós Cataluña es una deliciosa evocación de la reaparición triunfal de José Tomás en Barcelona, en la que queda resumido el sentido de la despedida de Boadella a su tierra natal.

En medio de aquella fiesta, nunca mejor dicho, y ante el espectáculo de los varios centenares de aficionados que abarrotaron la plaza, dejando en ridículo a los recurrentes demonizadores catalanes del toreo, uno de los miembros de Els Joglars preguntó a Albert: “¿Y éstos por qué nos dejaron solos ante el boicot tribal?”. A lo que Albert contestó, sin duda diciéndoselo a sí mismo: “Seguramente porque el teatro, a diferencia de los toros, ya no es un arte del pueblo”.

No, querido Albert, no seas tan optimista. El teatro dejó de ser un arte del pueblo hace tiempo, si por tal cosa entendemos lo que entendían los griegos: identificación y catarsis, ejercicio de depuración de las pasiones esenciales (el amor, la muerte, el poder). Pero es verdad que el toreo sigue ofreciéndole un último refugio, aunque precario y no exento de superficialidad y folklore.

Así pues, el adiós de Boadella a Cataluña se fundamenta en hechos concretos, pero que no lo son más que la relación que desde hace tres décadas mantiene con Dolors. Los 24 capítulos de su libro exploran alternativamente estos dos registros, y, como es lógico suponer, los dedicados a la “Guerra” incluyen reflexiones especialmente jugosas. No sólo, por cierto, acerca de recientes acontecimientos políticos, como la llegada de “Pasqual Maremagnum” a la presidencia de la Generalitat; también hay algún apunte entre cariñoso y crítico sobre la aparición de Ciutadans de Catalunya y el posterior partido político que él contribuyó a impulsar.

Pero, con todo, pienso que sería un error ver en Adiós Cataluña sólo un libro circunstancial o de actualidad política, o algo peor: un centón de chascarrillos contra esto o aquello. Por una vez no es airada retórica el rechazo público manifestado por el autor de un libro (cuyo subtítulo alternativo podría ser “El amor en los tiempos del cólera”). Adiós Cataluña no es un “adiós a las armas”: Boadella seguirá, para nuestro disfrute, haciendo teatro, y seguirá viviendo con Dolors en su masía del Bajo Ampurdán, pero como “el viejo d’Artagnan que […] vive tranquilo en Gascuña criando pollos y cerdos”, de ahora en adelante privará a los catalanes del placer de ningunear su trabajo. Porque la patria, como decía su colega Aristófanes hace dos mil cuatrocientos años, es sólo el lugar donde uno se encuentra a gusto.

Bienvenido seas a tu patria, Boadella.

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