Biblioteca. Francisco Caja: La raza catalana

Francisco Caja: “La raza catalana, el núcleo doctrinal del catalanismo

Ediciones Encuentro (Madrid), 2009

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Autor del comentario: Leah Bonnín (publicado en Libertad Digital)

http://libros.libertaddigital.com/la-moto-nacionalista-1276237343.html

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La moto nacionalista

¿Hasta qué punto se ha impregnado el imaginario social de los catalanes del discurso oficial de este nacionalismo que ya lleva décadas en el poder, transmitiendo y retransmitiendo a su antojo mitos sociales y leyendas patrias, deudas históricas, ideología y sentimientos, memoria y falsedad? ¿Hasta qué punto saben de lo que están hablando los nacionalistas o los por el nacionalismo abducidos?

El libro de Francisco Caja La raza catalana. El núcleo doctrinal del catalanismopone sobre la mesa datos suficientes para que nadie se llame a engaño. A la vista de los textos fundacionales del nacionalismo catalán, no cabe pensar, como anota en el prólogo Jon Juaristi, que nos encontramos, frente al vasco, con un nacionalismo libre de las “excrecencias racialistas y abierto a la integración de los foráneos: un nacionalismo, en suma, cívico y no étnico”. Los textos dicen lo que dicen, sin paliativos ni paños calientes, a pesar de la ocultación de sentido o la interpretación “inversamente proporcional a su verdadera naturaleza” que han hecho y continúan haciendo los nacionalistas. Y es necesario “leer e interpretar esos textos para una mejor inteligencia del nacionalismo y, sobre todo, para que esa interpretación produzca efectos”.

Y lo que dicen es como para echarse a temblar… y a correr, porque, en tanto que textos doctrinales, transmiten las imágenes y la ideología como realidad natural, sin refutación posible. Y porque si se deconstruye, como lo hace Francisco Caja, la metáfora en la que se sostienen, se revela que el origen y núcleo de la doctrina catalanista no es otro que la doctrina de la raza.

La raza catalana. El núcleo doctrinal del catalanismo, primera parte de un proyecto que acabará con el volumen dedicado al análisis de textos más contemporáneos y cuyo índice se añade al final, propone una lectura doble: del análisis y la interpretación que lleva a cabo Francisco Caja y del contenido de las citas, desde el texto fundacional del nacionalismo, Lo Catalanisme(1902), de Valentí Almirall, hasta el panfleto Catecisme del jove Patriota que Daniel Cardona publicó en el primer número de la revista L’Estat Català, dirigida por Francesc Macià.

Por más que Valentí Almirall (1841-1904) acabara asociado al lerruxismo (actitud justificada por los nacionalistas como fruto de una decadente e imprecisa “amargura”) y distanciado del nacionalismo triunfante de Prat de la Riba y los suyos, sus escritos primigenios son inequívocamente racialistas. Se separa del federalismo de Pi i Margall para promover la idea de una catalanidad basada en la naturaleza que reclama la identidad entre lengua y raza como fundamento de la soberanía política. Marca una diferencia histórico-biológica entre el grupo central-meridional (castellano) y el pirenaico (aragonés). Por último, dado que “España se ha ido empequeñeciendo desde que las circunstancias hicieron que la raza menos pensadora y menos ilustrada fuera la que dominara”, reclamará un catalanismo diferenciador y soberanista.

Según Francisco Caja, será Pompeu Gener (1848-1920) el introductor de las doctrinas raciales entre los federalistas y racionalistas. Tras beber de las fuentes de la Société d’Anthropologie de París y de Gobineau, utiliza la diferenciación entre raza en sentido antropológico y raza en sentido histórico y fisiológico para hablar de España como invasor presemítico y semítico que, al triunfar sobre los arios (catalanes), paralizó la “España Lemosina, Aria de origen” y la obligó a vivir de cosas pasadas.

No deja de asombrar la persistencia de una doctrina que se desplaza también al exilio con Pere Bosch-Gimpera (1891-1974), quien, en losQuaderns de l’exili,hablará de la guerra civil como una guerra entre razas, entre los iberos (catalanes) y los celtas (españoles). Y, siguiendo a su maestro berlinés Kossinna, “racialista convicto y confeso”, fundará el catalanismo como resurgimiento de una historia concebida como desviación que será preciso corregir “para retornar a aquel punto en el que se supone habría llegado si… no hubiera existido historia”.

Seguidor de Gustave Le Bon, el doctor Bertomeu Robert (1842-1902) asume las ventajas de la “espiritualización” del concepto de raza. Concibe la Nación como un ente orgánico; el individuo, apenas una célula social, queda bio-sociológicamente subordinado a la totalidad. Frente a la igualdad jacobina y el sufragio universal, frente a la igualdad de derechos ante la ley, la jerarquización de los órganos (naciones) y la separación.

No faltan justificaciones demográficas, debidas a la pluma de Hermenegild Puig y Sais (1860-1941), que se queja de la amenaza que supone la invasión de tanta gente forastera, que propone combatir con el aumento del número de catalanes “de pura raza”. Tampoco las que utilizan la metáfora del “derecho a la vida” de las naciones para ayudar a los desarraigados a naturalizarse según la ideología catalanista propuesta por Domènec Martí i Julià (1861-1917).

La metáfora organicista estalla, señala Francisco Caja, con la novela de formación La nacionalitat catalana, en la que Enric Prat de la Riba (1870-1917) legitima la narración, histórica e ideológica, como si se tratara de un fenómeno natural, regido por una ley inmutable y eterna. Ante semejante monumento a la espiritualidad catalanista, sería de muy mal gusto recordar que su panfleto La question catalane (1898) fue publicado gracias al soporte directo de Louis Guérin, responsable de finanzas e informaciones confidenciales de la Ligue Antisémite y hermano de Jules Guérin, presidente de este movimiento.

La siguiente vuelta de tuerca de la metáfora pasa por la defensa del catalán como lengua propia, mítica y geográfica (“Hasta las piedras hablan en catalán”), que no tiene más remedio que proponer la inmersión lingüística de los no catalanohablantes. Y triunfa en el plano político con la reconciliación entre espíritu y sangre, raza y alma, tierra y lengua, redención y voluntad, federalismo y nacionalismo, que realiza Antoni Rovira y Virgili (1882-1949).

Merece la pena leer el libro, aunque sólo sea para saber de qué nos hablan cuando nos venden la moto nacionalista.

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Un altre document d’interés:

Entrevista amb Francisco Caja

Realitzada per Jorge San Miguel Lobeto i publicada a “Hojas de Siracusa”:

http://siracusa20.com/hojas-de-siracusa/entrevista-con-francisco-caja/

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Francisco Caja, profesor titular de Estética en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y presidente de Convivencia Cívica Catalana, ha tenido la amabilidad de responder a unas preguntas en torno a su libro La raza catalana. Estas son sus reflexiones para los lectores de Siracusa.

Pregunta. Como señala en la introducción de La raza catalana, ha escogido para su trabajo el enfoque opuesto al de Ernst Gellner; es decir, centrarse en los discursos de las principales figuras del nacionalismo, en lugar de en sus “condiciones de posibilidad”. ¿Cuál es el motivo de esta elección?

Respuesta. La aportación de Gellner al esclarecimiento del nacionalismo es de tal magnitud que uno corre el riesgo de parecer un idiota al contradecirle. Pero creo haber demostrado, sé que esta es una presunción dictada por la vanidad, las ventajas de tomar en serio unos textos, los de los nacionalistas, que, es cierto, no son un modelo de rigor teórico. No hay que confundir rigor teórico con eficacia doctrinal. Mi posición en esto debe ser calificada de freudiana: el blablablá del paciente, la asociación libre, es el material sobre el que recae el análisis y por el que se llega a la “verdad” del paciente… Dicho de otro modo: para saber no sólo lo que es el nacionalismo sino también desactivar sus efectos es imprescindible interpretar sus textos; no basta con denunciar los errores de su doctrina. Para decirlo de forma irónica: los nacionalistas son inasequibles al desaliento, al documento y al argumento. Para combatirlos es necesario una estrategia interpretativa diferente: sólo a partir de lo que dicen es posible descubrir la fantasía que anima su discurso y le proporciona su eficacia. Es lo que he intentado hacer en mi libro.

P. La raza catalana contradice la percepción habitual de que el nacionalismo catalán tiene un carácter civil, político, cultural en todo caso, frente al etnicismo del nacionalismo vasco. Además, como menciona Jon Juaristi en el prólogo, Sabino Arana parece haber recogido las doctrinas racialistas a su paso por Barcelona. ¿Podemos hablar de una verdadera influencia del nacionalismo catalán sobre el vasco a este respecto?

R. Así es. El tránsito del fuerismo al nacionalismo se produce mediante la doctrina de la raza cuyos rudimentos los Arana, Sabino y su hermano Luis, aprenden en sus estancia en Barcelona. Irónicamente Sabino Arana nunca admitió que los catalanes constituyeran una verdadera raza. Por otra parte, está acreditada la relación entre Arturo Campión y Pompeu Gener, el introductor catalán de la doctrina de la raza en España. En fin, esta relación debería ser investigada más ampliamente.

P. Algunos estudiosos actuales del nacionalismo, como Anthony Marx, tienden a relativizar el valor de la distinción tradicional entre nacionalismo étnico y político. Usted mismo se detiene en refutar la interpretación habitual del “plebiscito cotidiano” de Renan. ¿En qué medida cree que sigue vigente dicha distinción?

R. Existe un acuerdo cada vez más extendido entre los especialistas que la distinción entre nacionalismo étnico y cívico es insostenible. La aportación de Anthony Marx (Faith in Nation) es a este respecto decisiva, pero también las de A. Smith, E. Gellner o E. Hobsbawn. Esa distinción se sostiene en una insuficiencia teórica: la falta de análisis de la noción de “raza”. Las conexiones de la exclusión religiosa con el nacionalismo que muestra A. Marx es una de las vías más eficaces para esclarecer el sentido de lo que debe entenderse por “etnicismo”, un concepto tan poco claro como el de “raza”. Pero, insisto, para eso hace falta el trabajo sobre los textos del nacionalismo. En ellos se muestra, creo haberlo hecho respecto al catalanismo, qué es lo que los propios nacionalistas quieren decir cuando dicen “raza”.

P. En este mismo sentido, una de las paradojas fundamentales del nacionalismo es que es un fenómeno característico de la modernidad por más que mire al pasado. ¿Es posible la construcción de un estado en el sentido moderno sin nacionalismo, o con un nacionalismo puramente civil, republicano?

R. Estoy de acuerdo con Gellner en que el nacionalismo, una doctrina política, es un fenómeno característico de la modernidad. Añadiría: una ideología que está en la formación de las naciones que se forman en un momento histórico determinado, fundamentalmente el XIX, una nueva forma de legitimación del poder. Que incluye un relato mítico de los orígenes. Siempre el mismo: su apelación a la historia es para desalojarla; la nación hubiera sido de no haber sido lo que realmente fue. El nacionalismo es siempre contrafáctico. Siempre un accidente traumático interrumpe la línea de una supuesta continuidad histórica que debiera fluir ininterrumpidamente y que es necesario restaurar. Es fácil detectar este relato en todo nacionalismo. La nación de los nacionalismos es esa voz (cf. aquí ese magnífico texto de Conor Cruise O’Brien: Voces ancestrales. Religión y nacionalismo en Irlanda), ese mandato, el “nacional” quien lo oye. En eso consiste la raza. El nacionalismo en este sentido es un “poseso”. Y de ahí su ferocidad. Lo demás son elaboraciones secundarias.

P. Su libro insiste en la necesidad de entender que la raza en sentido político es una metáfora antes que una realidad biológica o antropológica. No obstante, algunos teóricos nacionalistas, como Pompeu Gener, parecen haber estado sinceramente interesados en el debate científico; mientras que algún otro, como Bosch Gimpera, era un reputado especialista en su disciplina. ¿Hasta qué punto eran conscientes de la tensión entre rigor y militancia, si es que se plantearon la cuestión?

R. La ciencia no protege contra el prejuicio. En especial por lo que respecta a las Geisteswissenchaften. Al menos está demostrado (Stephen Jay Gould: La falsa medida del hombre) que por lo que se refiere a la antropología la ciencia alimentó y legitimó los prejuicios raciales. Es cierto que el fundamento científico-antropológico del racialismo ha dejado de existir, pero la utilización de la ciencia para fundamentar las nuevas formas de racialismo sigue existiendo: basta pensar en la utilización de la sociolingüística en el caso catalán. El caso de Bosch Gimpera es ejemplar: para él no existe contradicción alguna entre la ciencia y el prejuicio racialista: la prehistoria de la Península ibérica confirma la existencia de un núcleo racial original e inmodificado que hace la nación catalana. Pero no sólo es Bosch Gimpera, también Vandellós, por ejemplo, un científico social de talla de la misma época, cree en la existencia de la raza catalana. O el caso actual de la Sra. Cabré, una demógrafa de la mejor escuela que lo cree, a su manera. En todos los casos, sea una disciplina científica u otra, el nacionalismo dispone de una legitimación científica. La ciencia la hacen los científicos, esto es, sujetos humanos.

P. ¿En qué momento se empieza a desplazar el énfasis catalanista en la raza hacia la lengua y la cultura? ¿Son conscientes los nacionalistas del desplazamiento?

R. La lengua para los nacionalistas catalanes es, como sostiene Rovira i Virgili, la voz de la sangre. De la misma manera que el color del cabello o el RH es una expresión, plasmación, de una “diferencia espiritual irreductible”. Así definía Adolf Hitler la raza y no creo que nadie se oponga a considerar a Hitler como un racista. La lengua de los nacionalistas no es la lengua de los lingüistas. La identidad entre raza y lengua es vieja. Es la lengua, antes que el índice craneal o el color de la piel, el fundamento de la doctrina racial: la expresión “raza aria” es una expresión aberrante, como decía Max Müller, tan aberrante como decir “gramática dolicocéfala”. Los catalanistas de antes de la guerra, antes del descrédito del racialismo biológico, consideran que decir lengua es decir raza. Como dice Prat de la Riba en 1906, citando a Humboldt “deben ser parientes, pues entiendo lo que dicen”. Un prejuicio que incluso se conserva en la antropología actual (véase, por ejemplo, la identidad entre lengua y etnia que sostiene, pese a los avances del la genética poblacional, Cavalli-Sforza). Cuando se hace imposible esta identidad, se habla de lengua sin más. A quien conoce la historia de la identidad le es fácil advertir que la lengua de los nacionalistas no es, como decía, la lengua de los lingüistas: es un organismo vivo, que tiene derechos, que impone deberes, a la que el “nacional” y cualquiera que viva en un territorio, Cataluña, está obligado. Es un mandato, un imperativo particular, como la raza.

P. ¿Cuál fue, en términos generales, y hasta la Guerra Civil, la relación entre nacionalismo catalán y catolicismo?

R. Abordo ese tema en el segundo volumen de mi libro, que aparecerá próximamente. La relación es de absoluta complicidad. El nacionalismo de Pujol es incomprensible sin el elemento religioso. De una religión “católica” entendida al revés, es decir, en un sentido contrario a la universalidad (catholós, en griego, significa universal), en un sentido no paulino. La cosa comienza muy pronto. En la segunda década del XX podemos leer ya las proclamas incendiarias de un Carlos Cardó o un Miguel de Esplugas que han derivado de La Tradició catalana del Obispo Torras i Bages un nacional-catolicismo feroz. Nostra Senyora de la Mercè, Estudi de Psicología étnico-religiosa de Catalunya, es el título del libro que el Padre Miquel de Esplugues, O.M.C., escribe en 1916 en el que sostiene que por razones raciales la religiosidad catalana nada tiene que ver con la castellana. Esa es la raíz, nunca mejor dicho, del Montserrat del Abat Escarré, el tutor de Jordi Pujol en sus años mozos. En fin, un capítulo de gran interés sobre el que pesa un sepulcral silencio.

P. ¿Por qué ha gozado de tanto éxito la interpretación del nacionalismo catalán en clave progresista? ¿Se trata de la oposición a un nacionalismo español que se percibe exclusivamente como derechista, o hay alguna razón más?

R. Las causas son, en efecto, múltiples. En la noche del antifranquismo todos los gatos eran pardos. Pero hay causas más concretas. La percepción del catalanismo ha sido diseñada consciente y deliberadamente. Por la izquierda comunista catalana. La cosa viene de lejos y esta es una cuestión de decisiva importancia en la comprensión del catalanismo. Téngase en cuenta que el comunismo, nacionalista hasta la médula ya en los años treinta, ocupará el lugar del anarquismo en la dirección de la clase obrera tras la liquidación de éste con la guerra civil. Pero más recientemente, en mayo de 1974 se celebra el llamado “Col.loqui d’historiadors”, en donde los Termes, Ballcels, Molas y cía. establecen los fundamentos del relato oficial de la historia del catalanismo como una ideología originalmente de izquierdas. Lo que Termes llama “nuevas interpretaciones del hecho nacional”. En síntesis la consigna es ésta: el nacionalismo catalán tiene unos orígenes “populares”, siendo utilizado por la burguesía que, aunque parezca una broma, si es nacionalista es nacionalista españolista. La línea de inspiración está ya en Maurín en los años treinta. Éste es el relato oficial que siguen todos y cada uno de los historiadores catalanes del catalanismo. Un relato no contradicho tampoco por ninguno de los historiadores del resto de España que por desidia o por interés no ha denunciado la falsedad de ese relato, ocupados como han estado por alimentar y conservar los mitos de la izquierda sobre la guerra civil y la Segunda República. En resumen, los polvos de una izquierda knave y una derecha fool tratando de sacudirse el estigma de franquistas han traído estos lodos.

P. ¿Qué recepción ha tenido el libro en Cataluña?

R. Como era de esperar, hasta el momento nada más que silencio. Salvo los amigos, ningún “intelectual” osa hacerse eco del libro siquiera para denostarlo. Eso da idea de la situación, de lo que está pasando en Cataluña tras treinta años de hegemonía nacionalista. Aquí nunca pasa nada. Pero mi libro estoy convencido de que es un libro de largo aliento… La voz de la razón es débil pero constante. Cualquiera que pretenda estudiar el nacionalismo catalán críticamente en el futuro tendrá que leer mi libro. No podrá ignorarlo. Llegará la hora en que…

P. La segunda parte de La raza catalana abarcará las doctrinas catalanistas hasta nuestros días. ¿Presentará alguna diferencia de enfoque o tratamiento respecto a la primera? ¿Cuándo está prevista su aparición?

R. Por razones editoriales el libro ha sido divido en dos volúmenes, de los que el segundo aparecerá, según los planes de la editorial, este octubre. Esta segunda parte completa y da sentido a la primera. Y en ella se muestra el alcance del “método” y la intención del libro en su conjunto. El primer relato del nacionalismo es sustituido por otro, igualmente racialista, que Jordi Pujol elabora y que hace frente a la paradoja del primer catalanismo: “la penuria demográfica de la raza catalana”. Un relato que contiene una fantasía muy exacta y eficaz para sostener la superioridad racial catalana: la invasión de los invasores, es decir, de los cuerpos de esos a los que se llama “inmigrantes”. Es la doctrina de la “integración” que debe entenderse en el sentido de una abducción y de una conversión. Un relato que combina los elementos de un guión de película de invasores extraterrestres de los años cincuenta y la peor tradición española, la de la pureza de sangre y la Inquisición. Eso es lo que muestran los textos… pero hay que leerlos. Una vez recuperados los antecedentes es fácil advertir la sustancia étnica del llamado nacionalismo cívico y el juego de sustituciones que opera.

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5 respostes a Biblioteca. Francisco Caja: La raza catalana

  1. VERDE ha dit:

    Nadie sabía en España que existía en catalán el libro sobre la raza catalana. Pues bien, voy a poner el dedo en la llaga, y una llaga que si aprietas duele mucho. En la Comunidad Valenciana tuvimos un siglo de oro de las letras valencians, en el siglo XV, todos los escritores de aquel siglo lo dejaron por escrito, escribían en valenciano. En la lengua catalana, jamás han tenido un siglo de oro de las letras catalanas, ¿qué les van a enseñar a los niños catalanes? ¿les van a mostrar los originales del siglo XV valencianos? son de una contundencia terrible. Cuando salgan del instituto no van a saber leer en español, al menos lo suficiente como para leer la colección de novelas de Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. No tienen escritores en lengua catalana que se acerquen ni de lejos a Joanot Martorell, a Miguel de Cervantes, que escribió en castellano, o a Galdós.

  2. Laura Be ha dit:

    pues la verdad, soy valenciana y estudio en Barcelona, y te puedo decir que entienden y escriben perfectamente en castellano,que el catalán y el valenciano, pese a tener diferencias provienen de la misma lengua y que este debate para diferenciar dos lenguas que tienen la misma raíz ya va haciendo años, que es, a mi entender, bastante ridículo e innecesario, pues tenemos problemas mucho mas importantes de los que preocuparnos…

  3. Isaac ha dit:

    Na, tonterías todo, pero…VERDE, si los nacionalistas quieren Països Catalans… Valencia es Catalunya… así que ese siglo de oro es catalán, problema solucionado para los nacionalistas. como dice el Barça… fent país.

    Laura, a mi todo el tema, así rollo guerrila de cultura, folclore, idioma y esa mierda… todo, me aburre ya, me quema y me cansa… vamos que además creo que realmente es contraproducente para esas culturas, se quedarán en manos de unos pocos, pero eso sí, políticamente (económicamente, pues) para algunos será cojonudo.

    Quedaos cada cual con vuestras banderas, vuestras sandalias de paja, vuestros capotes y poemas del siglo XVI, que si va a ser todo con tanta pamplina… prefiero vivir al margen.

  4. Salva ha dit:

    No nos olvidemos de los numerosos discursos de la época acerca de la
    ‘raza española’:
    http://eixampliada.com/php/0ea_p.php?dicci=Citacions&q=raza+esp

    Acerca del Sr Caja
    http://eixampliada.com/php/0ea_p.php?dicci=Eixamplèdia&q=Caja,%20F

  5. luciendepeiro ha dit:

    ¡Anda, mi “profe”! El señor Caja es una eminencia. Aún recuerdo una tutoría en la que hacíamos un seguimiento de la “Introducción Primera” que, paradójicamente, cierra la “Estética” de Adorno. Recuerdo sobre todo sus consejos en relación al texto original en alemán, y como en un momento dado me soltó una parrafada en la lengua de Goethe, sin darse cuenta (supongo) de mi incapacidad para entenderle, y es que uno tiene sus limitaciones, vaya, que ojalá pudiese haber realizado aquel trabajo (y tantos otros) con pleno conocimiento de dicha lengua, esencial en filosofía, exprimiendo todas las posibilidades del difícil texto de Adorno. Sea como sea, lo importante para mí en primer lugar es señalar y destacar la sensacional erudición de este personaje, que no puede ser puesta en duda, y mucho menos en la picota.

    Claro, dicho esto, resulta sorprendente en grado sumo que un personaje con su calado, con su conocimiento y su rigor académico (aunque sus clases pecan de cierto sopor, cuestión puramente personal y que no esgrimo como crítica, sino como mera anécdota o sensación a todas luces subjetiva) tropiece una y otra vez con la misma piedra o, más bien, con las mismas piedras. Podría escribirse una tesis con su cruzada antinacionalista, que de hecho comparto en el espíritu último que señala a cierta burguesía (representada políticamente en CDC y, sobre todo, en UDC, aunque igualmente y más de lo que muchos se piensan en el PSC y en algún sector de ERC, por citar a las grandes formaciones políticas) sin miramientos. Basten recordar las derivas xenófobas en los discursos de políticos aparentemente serios como Durán i Lleida o personajes de contrastado sentir xenófobo como Marta Ferrusola, esposa del antiguo “President” Jordi Pujol.

    Pero las coincidencias con el señor Caja, si es que él coincide en esto, terminan justo ahí. Su discurso es denodadamente parcial y sin darse cuenta (creo) cae en una paradoja que por ejemplo refulge en la siguiente frase de la entrevista, cuando su vanidad nunca suficientemente colmada le traiciona al referirse a la recepción de su libro en Catalunya:

    “Como era de esperar, hasta el momento nada más que silencio. Salvo los amigos, ningún “intelectual” osa hacerse eco del libro siquiera para denostarlo. Eso da idea de la situación, de lo que está pasando en Cataluña tras treinta años de hegemonía nacionalista. Aquí nunca pasa nada. Pero mi libro estoy convencido de que es un libro de largo aliento… La voz de la razón es débil pero constante. Cualquiera que pretenda estudiar el nacionalismo catalán críticamente en el futuro tendrá que leer mi libro. No podrá ignorarlo. Llegará la hora en que…”

    Es una paradoja graciosa, simpática, algo sonrojante. Por decirlo jocosamente, o con cierta ligereza, el señor Caja exhibe su afán de notoriedad y publicidad aludiendo al silencio que pesa como una losa sobre su libro, cuando precisamente es él quien situa una monumental losa sobre lo que realmente sucede en Catalunya, y es que su identificación del nacionalismo de derechas (y algunas supuestas izquierdas) con el presunto destino natural y universal de la ¿nación? catalana, su generalización en la crítica urbi et orbe, olvida que el silencio más lacerante que padecemos los catalanes es el que ignora, sepulta e incluso suprime las numerosas, intensas y fundadas críticas que desde la izquierda no parlamentaria tienen en su diana a ese nacionalismo que a día de hoy lidera el inefable Artur Mas y a su manera también alimentan los discursos polarizantes que tratan de criticarlo, como el que aquí nos reúne.

    Claro, no pidamos al señor Caja, y menos aún a sus lectores, que convierta(n) su discurso en un espejo en el que pueda reflejarse el nacionalismo español, ante el que el catalán palidece por débil, flojo e intrascendente, incluso para la gran mayoría de catalanes. Sustituyamos en el discurso del señor Caja “Catalunya” por España” o “catalanismo” por “españolismo” y la dimensión de sus palabras sonrojarían a los que ahora le alientan desde tribunas panfletarias como Libertad Digital, origen de los textos que aquí nos cobijan. Los excesos de la derecha nacionalista catalana son bien conocidos y ampliamente criticados desde no pocos sectores de la sociedad que supuestamente silencia -o desconoce, si no tiene esa responsabilidad- los textos del señor Caja, pero no es menos sabido que buena parte de esos excesos nacen como reacción a opresiones, políticas, decisiones, abusos y excesos ajenos a la realidad catalana, esto es, nacidos allende los territorios considerados catalanes, desde Francia a España. El nacionalismo catalán moderno (no toca hablar de los “almogàvers”), que no me parece justificable (como ninguno me lo parece) se diferencia del español en su condición eminentemente reactiva, no imperialista u opresora. El señor Caja, ignora (no sé si voluntariamente o a sabiendas) este pequeño gran matiz. Ya conocemos su faceta “quintacolumnista”.

    Al final, más allá de que mis palabras puedan ser rebatidas o matizadas, lo que no discuto, está la realidad catalana. El apocalipsis bilingüista es un mito del que no muchos aprovachados beben, se enriquecen y prosperan ante audencias ávidas de su dosis anti “lo-que-sea” con tal, generalmente, de adocentar su propio nacionalismo opresor, en este caso el español. Un servidor, como la inmensa mayoría de la gente de su generación que conoce, es “víctima” de la famosa inmersión, hablante y escribiente de la preciosa lengua catalana, y no menos ni más hablante y escribiente de la no menos ni más preciosa lengua catellana. Sé que controlo o domino o utilizo ambas correctísimamente, quizás no perfectísimamente, pero con mucha dignidad, como casi todo el mundo aquí o, al menos, no en menor grado que en otras zonas del estado español en lo referente a la lengua de Benito Pérez Galdós, del que soy lector confeso.

    Para irme despidiendo, veo elementos útiles en el discurso de Caja, elementos que puede ayudar en la crítica al nacionalismo burgués catalán, sobre todo elementos que están relacionados con los textos fundadores de despreciables personajes de la inmunda burguesía que en este país hemos padecido (y seguimos padeciendo), pero al final del camino, su discurso es ineficaz (pues de su distriba anticalana benen cientos de españolistas tan o más nocivos que sus “oponentes”), porque las críticas deben centrarse en las políticas liberales aplicadas en nuestro desgraciado país, tanto por unos como otros, por mucho que las etiquetas lleven a pensar lo contrario. Mientras perdemos el tiempo en bagatelas insustaciales, la mayoría social es esquilmada por los de siempre. Ahí reside la clave, el núcleo de todos nuestros problemas, y el señor Caja lo sabe, vaya si lo sabe. El mundo padece, sin duda, una orgía de autosacrificio (si se me permite parafrasear a la muy liberal Ayn Rand), y discursos como el de Francisco Caja son más que sintomáticos de eso: son ejemplarmente equivocados, son un paradigma de alienación.

    Saludos coridales.

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